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El chocolate no fue descubierto
por nuestros antepasados hasta principios del s. XVI,
cuando Cristóbal Colón y su tripulación,
anclados en la isla de Guanja frente a las costas de
Honduras, recibieron como presente de los habitantes
de esta isla unas pequeñas nueces de forma ovalada
y color marrón. Con ellas se elaboraba el "xocolatl"
una bebida de fuerte sabor que producía una gran
energía y vitalidad.
Para
conseguir esta preciada bebida se tostaba el fruto y
se molía. A la masa pastosa se le añadía
agua, se calentaba la mezcla y se retiraba la manteca
de cacao, que posteriormente se batía y se mezclaba
con harina de maíz para espesarla. Diversas especias
añadidas como la pimienta le daban un curioso
y fuerte sabor que no fue muy apreciado por los descubridores.
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La versión
más aceptada dice que el cacao se introdujo en España
a través de algunos monjes que viajaban en las expediciones
de Cortés. Uno de ellos envió cacao al abad
del Monasterio de Piedra de Zaragoza, donde se elaboró
por primera vez en Europa el chocolate.
Sin embargo,
hubo que esperar casi un siglo hasta que, para adaptarlo al
paladar europeo, se empezase a endulzar con miel, y un poco
más tarde, con azúcar, dando origen a un chocolate
de sabor parecido al actual.
En nuestro
país, el chocolate alcanzó una gran popularidad,
gracias a que la Iglesia consideró que su consumo no
rompía el ayuno y a su adaptación como bebida
oficial de los reyes y de la corte española.
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